"Porque envejecer es un juicio social
más que un acontecer biológico"
Susan Sontag
Desde lo alto de una colina, la Esfinge, con su cabeza, cara y manos de mujer, voz de hombre, cuerpo de perro, cola de serpiente, alas de pájaro y garras de león, preguntaba a los viajeros que se cruzaban por su camino: ¿Cuál es el animal que por la mañana camina en cuatro patas, al mediodía en dos y por la tarde en tres? Nadie le contestaba y ella gozaba con destruir al inexperto. Pero un día pasó Edipo y descifró el acertijo. Es el ser humano ¯dijo¯ porque en su infancia gatea; en la plenitud de su vida se para firmemente sobre sus extremidades inferiores, y al final del camino se apoya en un bastón como si fuera un tercer pie. La Esfinge, furiosa por la respuesta correcta, se suicidó al estrellar su cabeza contra una roca. En este relato, Sófocles, escritor, anciano respetable, gobernante de Atenas y jefe del ejército griego en Samos, sintetizó los periodos por los que atraviesa la vida humana: nacer, crecer, desarrollarse, alcanzar la madurez física, la etapa de adulto mayor, de octogenario y hasta de centenario o más, como Matusalén que murió a los 969 años, según relata el libro bíblico del Génesis. Si bien a la infancia se le considera la primera edad y a la juventud, la segunda, ¿cuándo empieza la tercera edad? Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) inicia a los 60 años, de acuerdo con el promedio mundial de vida y el bienestar de los habitantes de cada región, aunque en algunos países desarrollados, por sus condiciones óptimas de vida, comienza a los 65.
El criterio que se aplica es cronológico y está relacionado con el aspecto económico social: la jubilación.1 Pero, por supuesto, que en el envejecimiento intervienen otros factores como la salud, la raza, la vida social, los aspectos biológicos, físicos y psicológicos, pues puede haber personas mayores de 90 años con gran lucidez e independencia, y otros de menor edad con problemas corporales y psicoemocionales, entre otros. ¿Pero, cómo han sido consideradas las personas adultas mayores a través del tiempo? Con protección divina circunstancias, por lo que muchos de ellos eran los brujos y chamanes de la comunidad.
En la sociedad china, con una civilización estática por siglos, el anciano ocupó la cima social. Sobre el particular la escritora francesa Simone de Beauvoir (1908-1986), como resultado de sus investigaciones, asentó que el respeto se extendía, fuera de los límites de la familia, a todas las personas de edad; las gentes pretendían ser a menudo más viejas de lo que eran para tener derecho a consideración. El quincuagésimo aniversario era una fecha importante en la vida de un ser humano. Sin embargo, después de los 70 años los hombres renunciaban a sus cargos oficiales a fin de prepararse para la muerte.2 Entre los egipcios la palabra anciano era sinónimo de sabiduría, ya que los adultos mayores tenían una función destacada en la sociedad como consejeros, guías y educadores de los jóvenes. En la sociedad griega se insistía en el respeto a los sexagenarios, en particular en Atenas, en donde se amaba la juventud y la belleza, y se despreciaba la vejez. En los tiempos del poeta Homero (c. 850 a. n. e. de acuerdo con Herodoto) ¯quien con su ancianidad y su ceguera viajaba por las ciudades del Asia Menor recitando sus versos¯ existía un consejo de ancianos como órgano consultivo. En Esparta, hacia el siglo VI a. n. e., el consejo de ancianos o Gerusia estaba integrado por 28 gerontes, miembros vitalicios elegidos entre los ciudadanos mayores de 60 años, que dictaban leyes, dirigían la política exterior y se constituían en tribunal para juzgar los delitos graves.
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